lunes, 18 de septiembre de 2017

Una cita entre erizos

Hay imágenes que inspiran.  Nos pasa a todos.  Incluso se dan casos que llegan a hipnotizar, imaginando ser teletransportado a ese lugar o tal vez rememorando el instante de hacer la foto.  A veces me pongo frente a una y pruebo a apuntar lo que me pasa por la cabeza en ese momento, aunque leyendo historias por la red me dé cuenta que aún me queda mucho para aprender a "escuchar" las fotos como lo hacen otros...  



Por ver qué os parece a vosotros, os muestro lo que me sugirió este precioso ejemplar de castaño en O Soitu de San Martín de Trevejo; aunque para imbuirnos mejor de la atmósfera recomiendo clicar antes en el enlace y escuchar de fondo esta maravilla de nana.






Esto es lo que, recordando ese día, empezó a pergeñar mi lápiz...

Vientos castellanos y trasnochadores, que rodáis ladera abajo barriendo castaños, robles y brezos...incluso escobas.  Que escuchamos vuestras conspiraciones en la Revuelta de las Brujas y toleramos vuestra bajada al pueblo, en gélidas noches y mañanas, a forzar goznes de contraventanos por callis y calexas...

Sabed que, tal vez, mientras aún remolones tañéis la txalaparta con los indefensos mástiles de los castaños, algún joven mañego sentirá finalmente la tentación de subir al Soto a plantaros cara.

Y sumergido en el bosque, a más de mil castaños de profundidad, absorto contemplará la emersión de un ser milenario, como si de la proa de un galeón hundido se tratase.  

Se necesita del verbo encendido de un poeta experto para describir a uno de los venerables ancianos del bosque.  Un encuentro en la tercera fase. 

 Yo me limité a acariciar su tronco nudoso y oler su piel de musgo húmedo. 
A echarme sobre la cama de hojas doradas y taparme con la colcha de helechos. 
A cerrar los ojos y respirar profundo.  Sin prisa.  Sabiendo que, bajo su sombrío y cálido amparo, más tarde o más temprano reconocería el silbido de mi abuelo, que pasaría atareado entonando alguna melodía distraída…

Cerrar los ojos siempre facilita bajar la sutil barrera que separa ambos mundos.  Resulta así más sencillo cruzar y reunirnos los que estamos con los que estuvieron.

Yo con una pequeña charla en la muga me conformaría.  Pero si no pudiese acudir a mi cita, si estuviese ocupado con algún otro que en alguna otra parte hubiese también cerrado los ojos, espero que, al menos, ninguna visita inesperada me despierte.  Quiero disfrutar de mi vuelta a San Martín.


martes, 12 de septiembre de 2017

Nos mudamos

Parece que por fin nos abandonan estío y hastío.  La enésima ola tsunami de calor que nos engulló pasó hace días (posiblemente) para no volver.  Será porque, al empezar el colegio, al sol lo obligan a retirarse antes, como a los críos.

Se van el sol y los niños y vuelven las colecciones y las buenas intenciones.  

Cada vez tengo más claro que el comienzo del año viene ahora, con el equinoccio de otoño, una fecha solar que antaño lo rigió todo.  Tal vez llegase hasta nuestros tiempos sacralizada en forma de fiesta de San Miguel, pero seguía siendo lo mismo.  Arrendamientos, contratos, trabajos..., todo iba "de un San Miguel a otro".

En realidad, pienso que el paso de una noche-vieja a un día-nuevo no implica gran cosa para nadie.  Algo que sí ocurre con el equinoccio.  Diría más, en mi caso, en lugar de hibernar podría decirse que "estivo".  

Pero tras aguardar remoloneando en la madriguera todo el verano, implorando clemencia al sol, creo que es hora de mudarnos.  Como si fuera fiesta.  Y salir por fin a la superficie, a estrenar nuestras nuevas mejores intenciones.

Muda que algún saltamontes hacendoso puso a secar en un alerce