domingo, 19 de noviembre de 2017

Robles milenarios de Etxarri-Aranatz

En el valle de Sakana y a los pies de la sierra de Aralar encontramos esta joya de ruta.  Está balizado como SL-NA-135 y en poco más de hora y media puedes estar de vuelta, aunque a mi me costó casi el doble, por las paradas a hacer fotos y disfrutar del ambiente.



El robledal es una preciosidad, con muchos ejemplares que serían la admiración en cualquier bosque.  Aquí hay tantos que casi cuesta elegir..., hasta que te das de bruces con un ejemplar de dos "patas", que tranquilamente podía haber servido de inspiración para la novela/película "Un monstruo viene a verme".





Me imagino realizando esta ruta en la noche o en un día de niebla típico de la zona; y entiendo porqué estas gentes creyeron en el Basajaun, en los Gentiles y en cualquier otro ser que tu imaginación quiera crear.





Os dejo unas fotos del ambiente otoñal tan tremendo que había.  Os podréis así hacer una ligera idea de lo que hablo, aunque seguiréis sin poder apreciar el olor a humedad, el canto del mirlo, la visión fugaz del arrendajo, el sonido de la lluvia fina de hojas que caía en el bosque...

Una maravilla.




miércoles, 8 de noviembre de 2017

Pardina de Lorés


La pardina de Lorés parece otro de esos náufragos que la riada del desarrollismo dejó varados en medio del monte, aunque su despoblación es más antigua.  En el lejano 1926 comenzó su proceso de expropiación por parte de la entonces Confederación Sindical Hidrográfica del Ebro, como parte de las repoblaciones forestales que acometía en la cuenca del recién construido pantano de La Peña (ver detalles en "Esmemoriaus").

Conducir desde La Peña a Bernués, punto de partida para Lorés, es ya en sí una experiencia.  Casi en la coronación del puerto de Oroel, la carretera a medio arreglar que llega hasta él es poco más que un capilar introduciéndose por la montaña. De hecho, al llegar al desvío de San Juan de la Peña, un joven tejón recién atropellado y una vaca pastando en medio de la carretera observando curiosa su cadáver me hicieron frenar y pasar despacio entre ambos.  Comprendes entonces dónde estás realmente.

Pardina de Lorés (de izqda a derecha, murete de los corrales, edificios pardineros y pozo)

Tanto Bernués como Lorés se encuentran a una altura de unos 900 msnm, aunque el camino que los une desciende primero a vadear el barranco del río Moro para subir de nuevo hasta la casa pardinera.

También esta pardina es heredera de una larga historia, algo patente al observar el impresionante tímpano que preside la puerta de la casa, originario del monasterio de Santo Tomás que aquí se levantaba.
 
 Tímpano con el crismón típico de esta zona de Sodoruel

Estamos en un prepirineo de ambiente mediterráneo, así que los veranos habitualmente debieron ocasionar carestías de agua.  Es revelador el detalle que aún se observa en el tejado (ver primera foto): las dos canaletas que recogían el agua de lluvia del tejado de losa se unían mediante sendas bajantes e iban a desaguar al pozo.  Eran tiempos en los que ni un ápice de ningún recurso se desperdiciaba.

Actualmente la presencia humana en la zona se reduce a poco más que los puestos de vigilancia anti-incendios y algún ganadero que lleva las vacas que suelen apacentar por aquí.

 Torreta de vigilancia, rodeada de montes infinitos

De hecho, intenté asomarme al pozo y descubrí que una comunidad había elegido este lugar como abrigo del abrasante sol veraniego.  Un gran grupo de murciélagos me miró entre sorprendido y quejoso, aunque aceptó a salir retratado para el reportaje.

No sé cuanto aguantará en pie, pero realmente me fui feliz de llegar a conocerla.  Otro de esos lugares que se me quedan grabados en la retina bajo la etiqueta de "bonito recuerdo".